El día que SEAT salvó el Papamóvil

Quedaban pocos días para la visita del Papa Juan Pablo II a Barcelona y Madrid en 1982, cuando los responsables de Seat recibieron una llamada del Vaticano.

El vehículo que el Papa utilizó en sus visitas oficiales no cabía por la puerta del Camp Nou y del Santiago Bernabéu, los estadios dónde se iban a producir los principales actos del viaje papal.

 

Se tenía que construir un modelo nuevo en cuestión de días. Los ingenieros de Seat respondieron al reto: en tiempo récord, adaptaron un Panda y lo convirtieron en un auténtico Papamóvil, utilizado por Juan Pablo II en su visita a España.

 

Esta pieza histórica, guardada en la nave A122 de la fábrica de la Zona Franca junto al resto de la colección de Seat, estuvo a punto de desaparecer el pasado 11 de febrero en el incendio que afectó a la planta de Barcelona. Todas las unidades se salvaron gracias a la rápida y decidida actuación de los Bomberos de Barcelona, Guardia Urbana, Mossos d’Esquadra, Servicios de emergencia de Seat y personal de la compañía.

 

“El incendio empezó en la nave del al lado. La alarma funcionó perfectamente. Nosotros comenzamos a reprimir el fuego con las mangueras instaladas para esta función y rápidamente llegaron los servicios de Seguridad y Emergencias de Seat y los Bomberos de Barcelona”, relata Isidre López. “Para mí, son héroes. La actitud de todos los equipos fue impresionante”, apunta.

 

¿Y cuál fue el criterio para salvar a los coches de la colección? “Primero sacamos los que están en la entrada de la nave para generar un espacio abierto y que los bomberos pudiesen trabajar en cuanto llegasen. Después apartamos los coches de carreras más grandes y acto seguido sacamos el Papamóvil, que estaba justo enfrente del foco del incendio. Al no tener techo una sola persona lo pudo empujar fácilmente”,recuerda.

 

Así se salvaron las 317 unidades históricas de la colección. Desde el Papamóvil, hasta el primer coche oficial de rallies de Carlos Sainz, pasando por el penúltimo 600 de serie o el Toledo eléctrico de los Juegos de Barcelona 1992, en esta nave se guardan los testimonios de la historia no solo de una marca, sino de todo un país. Ahora, tienen otra historia con final feliz a añadir a su legado.

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